23 de setembro de 2012

Inventario

Tiene la ciudad 
águilas en los ventanales,
algunas calles con adoquines perdidos 
para pies despistados, 
para ciegos recién levantados.
Tiene la ciudad ventanas apagadas 
y luces abiertas,
un cielo desconocido,
varias noches en deuda.
En el debe la emigración,
en el haber su dinero,
en las casas el miedo, 
en las calles el sueño.
En algunos parques 
hay perros sacando a sus dueños,
y hay otros parques de cemento,
y edificios de yerba.
Se encuentran en el centro 
fuentes apagadas, 
figuras mitológicas, coches, bicis, 
cosas con dos patas.
Tiene luces, confusión de carteles, 
robos de carteras,
risas en el duelo, bellas mujeres, 
bellas sus piernas.
La ciudad guarda en dos calles la mentira,
una mira al norte 
y la otra olvida a quien la mira. 
Tiene la ciudad más mentiras, 
entre otras, la vida.
Lo que no tiene esta ciudad es conciencia de sí,
altavoces por las calles 
que anuncien que hoy es jueves,
que llueve nieve, 
que el humano de hoy aun muere,
que mañana será viernes,
que quizás también será trece.
Le falta a esta ciudad 
más gente desnuda,
más vicios, el sol y la lluvia, 
menos miedo, 
y sobre todo, 
aunque se vea muy negro,
un agujero hacia el cielo.


Un instante de infinito,
aquí, paramos, ahora nosotros,
coetaneos, contemporaneos.
Infinidad de muertos,
anonimato de su tiempo,
labran nuestro día,
esclavos para nuestro presente,
maestros eternos;
masa que trabajó por el legado.
Masa, legado, continuamos.
Mirar atrás obliga a temer la vida,
¿Qué instinto tan violento es aquel llama
a trabajar por quien no conocemos?