25 de setembro de 2009

Háblame de ella


Mira, David, no es que fuera premeditado,
bueno sí, pero no premedité premeditarlo.
Me encantó porque quise ser encontrado,
ella no lo buscó, pero quiso buscarlo.

Mujer madura en apariencia que era una niña en su interior,
una niña con problemas. Los dos ayuda esperábamos,
nos encontramos, con el tiempo nos encantamos;
quizás ninguno lo buscaba, seguro que los dos lo necesitábamos.


La que me acompaña se llama Meretriz,
sin desmerecer ese nombre,
pues se sabe dentro de mí
pero, a la vez, de otro hombre.

Mi corazón en cambio tiene muchos nombres:
dulzura, amor, ternura, sueño, belleza...
pero también distancia, distancia, maldita distancia
que me hace alejarme de mí mismo sintiéndola cerca.

Meretriz también es distancia,
al contrario que tu polinomenclatura,
la lejanía no es tangible,
y si la recorro se hace más dura.

Amigo, hay dos tipos de distancia,
como de dos tipos son nuestras mujeres:
distancia física con cercanía, como en mi caso;
en el tuyo estáis juntos pero os vais.


Con todo ello, Meretriz es lo único en mi cabeza;
ella es el despertar y el último pensamiento,
ella es en todas las cosas, a menudo tristeza,
y me cago en la puta, que la quiero es cierto.

Más que a nada, más que a nadie, más de lo que nunca.
Aunque aquellas películas que veíamos de pequeños,
donde todo era bonito, eran mentira.


De Meretriz me gusta su prisa, yo la espero.
De Meretriz también la ausencia donde me quedo;
me hablan sus ojos y yo los leo,
me mata su risa, de ella soy objeto.
Como juglar o útil de cama,
durante dos años he juzgado;
si bien es cierto que aún no me ama,
más cierto es, David, que nunca ha amado.

Pero debes plantearte, hermano, si todo lo que sientes
es real o un capricho de tu poesía,
y si no será ciertamente todo mentira.
Todo es mentira, su belleza está en tu cabeza.

Estamos soñando.


24 de setembro de 2009

Correlación inconexa


Si la gente nos oyera los pensamientos, pocos escaparíamos de estar encerrados por locos.

Jacinto Benavente


Los que envilecemos la tierra odiamos la vida.
Los que odiamos la vida amamos la muerte.
Los que amamos la muerte sabemos qué es la vida.
Los que sabemos qué es la vida somos ignorantes.
Los que somos ignorantes nos preguntamos qué es la vida.
Los que nos preguntamos qué es la vida no leemos la biblia.
Los que no leemos la biblia creamos la cultura.
Los que creamos la cultura nos creemos cultos.
Los que nos creemos cultos no nos cultivamos lo suficiente.
Los que no nos cultivamos lo suficiente trabajamos sin sentido.
Los que trabajamos sin sentido aceptados nos sentimos.
Los que aceptados nos sentimos no matamos.
Los que no matamos morimos por dentro.
Los que morimos por dentro bajamos la mirada.
Los que bajamos la mirada escondemos lo que no quieren escuchar.
Lo que no quieren escuchar es lo mismo que ellos piensan.
Lo mismo que ellos piensan es matar, violar, quemar y molestar al prójimo;
molestar al prójimo es el único fin de estos versos,
el único fin de estos versos es terminarse.
Terminarse lo es todo.

20 de setembro de 2009

El triunfo


Mensajero. -¿Acaso por temor a estas cosas estabas desterrado de allí?
Edipo. - Por el deseo de no ser asesino de mi padre, anciano.
Edipo Rey, Sófocles
Ya lo tengo claro; quiero triunfar.
Quiero triunfar pisando a todos;
tengo que ganar, creando esclavos,

pisando a todos, me verán llegar.

Quiero triunfar y mirar desde arriba,
deseo vencer y ser totalitario,
lo veo venir; no seré ermitaño.
Yo seré más, lo veré desde tu ruina.

Desde la cima lo veré todo claro,
yo siempre grande y tu pequeño,
tú siervo y yo siempre dueño.
Mi triunfo es tu desamparo.

He triunfado, pero no sé cómo.
He ganado, pero no sé el qué.
Si en la vida, vivir lo es todo,
de vivir, no me preocupé.